Archivo de la categoría: Comunicación

Empresa inteligente busca mujeres directivas

masdelamitad_blog_20minutos

Hace unos días me estrené en  “Más de la mitad”, un blog escrito por mujeres, y destinado a ser leído tanto por hombres como por mujeres. En él, mujeres inspiradoras como Sóle Giménez, Belén de la Banda, María del Pozo, Natalia Quiroga, Margarita Saldaña, Susana Martínez Novo, o Irene Milleiro, entre otras, comparten ideas y propuestas transformadoras que nos permitan avanzar hacia un mundo más justo, que necesariamente es un mundo en el que mujeres y hombres disfruten de iguales derechos y libertades, y de iguales oportunidades. 

Inicié mi colaboración con una entrada sobre el liderazgo femenino en las empresas,  un tema sobre el que hemos escrito mucho, tanto hombres como mujeres, y en el que los escasos avances casi siempre son fruto de un plus de esfuerzo y empeño personal de las mujeres. Las cifras son elocuentes (apenas un 7% de mujeres en los órganos de dirección de las empresas del Ibex35, con una brecha salarial que puede alcanzar el 30% en los niveles más altos), y evidencian que aún queda un largo trecho para cerrar el enorme gap de desigualdad que existe en la dirección empresarial, y que tiene un especial impacto, pues la visibilidad de una mujer contribuye a la visibilidad de todas, y una mujer directiva es particularmente visible. 

Lo mejor de todo es que las empresas que cuentan con mujeres para puestos directivos tienen mejores resultados económicos. Y esa sí es una poderosa razón para acortar la distancia. No se trata sólo de justicia o equidad, ni de marketing, sino de inteligencia. Las mujeres somos una excelente apuesta para las empresas más innovadoras y creativas, las empresas conscientes de estar construyendo el futuro. 

Informe 2013 sobre la libertad de prensa en el mundo

Web

Desde 2002, Reporteros sin Fronteras viene analizando anualmente el estado de la libertad de información en el mundo. En aquella primera Clasificación Mundial, realizada sobre un total de 139 países, la organización señalaba que la libertad de prensa “no era un privilegio de los países ricos”, pues países como Benín se situaban entre los mejor clasificados. Por el contrario, este año Japón, la tercera economía del mundo, ha perdido 31 puestos, colocándose en el lugar 53 de la tabla, debido a la gestión opaca de la crisis nuclear de Fukushima.

La Clasificación Mundial 2013 analiza la libertad de prensa de periodistas y netciudadanos en un total de 179 países. Finlandia, Países Bajos y Noruega siguen manteniendo las primeras posiciones en el respeto escrupuloso de esta libertad, como también de otros derechos fundamentales. 

El informe sitúa a los BRICS, a excepción de Sudáfrica,  en posiciones bajas o muy bajas en la clasificación. Brasil, en el lugar 108, continúa su caída, iniciada en 2012, en buena medida debido a la persistente falta de pluralismo de los medios de comunicación. Rusia, en el puesto 148, pierde varias posiciones tras la vuelta a la presidencia de Vladimir Putin y su política represiva contra la oposición, sumada a la situación de impunidad ante los asesinatos y agresiones a periodistas, que se perpetúa en el país. India, donde también crece el clima de impunidad, y se mantiene la censura en la red, se encuentra, con el puesto 140, en su peor nivel desde 2002. China, en el lugar 173, no mejora: junto a la permanente censura en internet, un gran número de periodistas y netciudadanos son encarcelados. Por el contrario, el último en incorporarse a los BRICS, Sudáfrica, conserva un buen lugar -como bien señala Reporteros sin Fronteras, la libertad de prensa es una realidad en el país -, con el puesto 52, aunque ha ido retrocediendo anualmente hasta salir, por primera vez, del grupo de los 50 países mejor clasificados.

Entre los avances a destacar, ligados a la recuperación de la estabilidad política y los primeros pasos de apertura de las libertades fundamentales, dos países africanos: Malaui (que avanza del puesto 146 al 75 actual);  y Costa de Marfil  (que avanza 63 puestos, situándose en el 96);  y dos asiáticos, Myanmar (que pasa del 169 al 151 de la tabla, con las primeras y tímidas medidas de apertura democrática), y Afganistán (que avanza 22 puestos, situándose en el 128), cuyo ascenso se explica por el hecho de que no haya periodistas encarcelados en el país.

Aunque los países de la Unión Europea, Estados Unidos (en el puesto 32) y Canadá (en el 20, aunque baja 10) se siguen ubicando en los 50 primeros puestos de la clasificación, la libertad de prensa sigue retrocediendo en Grecia, Italia, y Hungría. La profunda crisis social y económica, además de política, que sitúa a Grecia en el puesto 84 de la clasificación, impacta también a los periodistas, expuestos a la violencia de los grupos extremistas y de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. En Italia, situada en el puesto 57, a la penalización de la difamación hay que sumar la ley mordaza, que prohíbe la difusión de documentación relativa a las conversaciones telefónicas o de correo electrónico. Hungría, en el puesto 56, ha venido constriñendo la libertad de prensa con la ley aprobada en 2010, que permite retirar licencias y cerrar medios de comunicación.

España, en el puesto 36, gana 3 respecto a 2012, pero aún se mantiene a distancia de buena parte de los socios europeos (países nórdicos, Luxemburgo, Austria, Irlanda o Alemania), si bien está cercana a Portugal, Reino Unido y Francia (situados en los puestos 28, 29 y 37, respectivamente).

Una vez más, la libertad de prensa es un buen indicador de la calidad democrática, y/o de la falta de los mínimos derechos y libertades fundamentales en aún demasiados países del mundo.

Espíritu crowd

imagen para espíritu crowd

La Sociedad Red ha cambiado radicalmente los códigos sobre los que basamos nuestras relaciones. La des-jerarquización, el fin de la verticalidad en la toma de decisiones, los liderazgos colectivos, y la creación colaborativa son algunas de sus nuevas claves. La pasión, la conciencia social, la libertad y la creatividad -valores de la ética hacker tal y como la recoge Pekka Himanen en “La ética del hacker y el espíritu de la era de la información” – se consolidan como motores esenciales. En este contexto, el diálogo es una herramienta imprescindible.

En su último libro, “Manifiesto Crowd. La empresa y la inteligencia de las multitudes Antoni Gutiérrez-Rubí y Juan Freire analizan cómo esta revolución está impactando a las organizaciones, en particular a las empresas. La cultura empresarial del siglo XXI tiene tres ejes principales de transformación: la comunicación, la organización, y la creación de talento, que establecen nuevos modelos de relación y de negocio. Organización horizontal, comunicación permanente, innovación continua. Frente a la arrogancia y la distancia de las organizaciones tradicionales, la amabilidad y la humildad, junto con la implicación social, de las empresas del siglo XXI.

La Sociedad Red requiere una nueva mirada, una nueva manera de pensar las preguntas y los enfoques. Para las organizaciones capaces de realizar estas lecturas inteligentes, constituye una gran oportunidad.

El libro, acompañado de un Manifiesto de 66 puntos, explora las fuentes de la inteligencia de las multitudes, cómo se puede poner en marcha, y cómo afecta a las empresas, ofreciendo las premisas básicas sobre las que se asienta la empresa que incorpora el crowd a su ADN.

En el siglo XXI el consumidor pide más diálogo y menos seducción. Y para ello la empresa debe tener un carácter explorador, ser permeable, flexible, porosa, favoreciendo la interacción entre los distintos ámbitos estructurales. Ser poroso nos permite contagiarnos de otras ideas y oportunidades. La empresa permeable es la que sabe escuchar, y hacer partícipe al cliente, con más transparencia, y promoviendo la innovación y la creatividad.

Generar innovación requiere nuevos espacios transdisciplinares o adisciplinares, de modo que no importe tanto el origen como lo que aportas y tus motivaciones. La empatía (entender las razones y el lenguaje del que es distinto disciplinar y socialmente), y la capacidad de diálogo son clave. El valor central de este modelo ya no es la competitividad, sino la capacidad de cooperar para mejorar una idea. Ser disruptivo resulta imprescindible, y esa rotura brusca, a menudo, se produce cuando se combinan, en un mismo entorno, perfiles profesionales de distintas disciplinas.

En la Sociedad Red, es esencial para la empresa establecer alianzas (que sólo pueden construirse sobre el diálogo) con los stakeholders, lo que le permitirá generar vínculo en y con la sociedad. La empresa ha de tener una visión de su presencia en el espacio público -y traducirla participando en el diálogo público– en un mundo abierto que reclama transparencia, colaboración, conocimiento compartido y empoderamiento. Comprender el valor de la inteligencia conectada, y transformarla en beneficio mutuo, es estratégico para la gobernanza del ecosistema.

Los 66 puntos del Manifiesto constituyen la declaración de compromisos que la empresa crowd está dispuesta a asumir, mostrando así su voluntad de valorar la inteligencia de las multitudes. De entre ellos destaco los siguientes:

-La empresa del siglo XXI no puede estancarse en un su perímetro de seguridad, debe explorar el posible adyacente.
-Conectividad empresarial no es unir puntos ni tejer redes…es establecer relaciones para pensar, desarrollar y comercializar conjuntamente.
-La RSE es el pasado, negocio e implicación social son ya dos partes inseparables de una misma estrategia.
-La empresa crowd transforma la competividad en competencia, y la rivalidad en cooperación.
-La empresa crowd está abierta al mundo entero.
-Las organizaciones jerárquicas orientadas a la eficiencia se desconectan emocionalmente de sus empleados, y su innovación es cara y lenta.
-En un mundo en cambio continuo la innovación continua es una necesidad de supervivencia, y no ya una opción más para las empresas.
-Para poder innovar hay que tolerar el fracaso.
-Una marca efectiva debe incorporar a su narrativa las relaciones emocionales con y las voces de los stakeholders.
-La gobernanza de un ecosistema complejo de stakeholders debe ser la preocupación principal de cualquier organización.
-Solo con innovación ciudadana, gobiernos y empresas pueden enfrentarse a los retos de la Sociedad Red.

El libro puede descargarse gratuitamente.

 

La historia de Amaro Cifuentes

libro esther trujillo

Hoy quiero recomendaros un libro. Vaya por delante que la autora, Esther Trujillo, es amiga. Pero no es por eso por lo que escribo esta reseña sobre su obra, “La sociedad que no quería ser anónima”. Lo hago porque el libro, su primer libro –estoy segura de que no será el único- es francamente bueno.

La sociedad que no quería ser anónima” es un libro de acción empresarial y, al tiempo, una novela corta, la historia de Amaro Cifuentes. Contiene rigurosas aportaciones teóricas sobre la Responsabilidad Social Empresarial –tema sobre el que Esther Trujillo tiene una dilatada experiencia directiva y académica;  y, entrecruzándose con ellas, el relato de las vivencias y experiencias –muy reales- de un personaje que deja huella, Amaro Cifuentes, un directivo de RSE. Con Amaro ríes, te enterneces, te rebelas. Y, sobre todo, comprendes.

La sociedad que no quería ser anónima” es un auténtico manual. Para quienes deseen aprender sobre Responsabilidad Social corporativa, Diplomacia Corporativa, o Responsabilidad Social Empresarial -en cualquiera de sus acepciones- será pronto imprescindible. Para quienes sean profesionales de la RSE, el libro será una lectura cómplice, un espejo en el que mirarse para seguir reconociéndose ante el espejo cada día. Y para encontrar aliento. El libro es, también, un buen instrumento de orientación profesional: si después de leerlo sigues queriendo dedicarte a la tarea profesional que desempeña Amaro Cifuentes, lo tuyo es la Responsabilidad Social.

La sociedad que no quería ser anónima” explica, y muy bien, las claves para poner en marcha una estrategia de RSE, cómo orientar el proyecto, crear valor interno y externo, cómo gestionar las relaciones -gran capítulo-, la comunicación, el equipo, las crisis, los indicadores o cómo medir los resultados. Y relata -con generosidad, sin disimulos, dejando a la vista las miserias pero también el compromiso y entusiasmo sinceros- la creatividad y el rigor con el que tratan de hacer todo eso Amaro y su equipo. Buenos ejemplos, en gran parte basados en hechos reales, de cómo crear complicidades internas, cómo identificar y engrasar el diálogo con tus grupos de interés, o como gestionar errores, sobre todo los ajenos.

Esther Trujillo ha escrito un magnífico primer libro. Lo ha hecho con la cabeza y con el corazón. Lo ha hecho con su habitual honestidad intelectual y personal, y el libro las rezuma. Es un libro para aprender. Para inspirarse e inspirar. Un libro útil, de esos a los que vuelves, relees y citas. Es un libro que no te miente y que, además, te dice la verdad. Te habla, sin ambages, de las contradicciones que persisten en las organizaciones empresariales entre el deber ser y el ser, y de la enorme distancia entre los compromisos que se dice asumir, y los muros -a veces incluso involuntarios- que se levantan a la puesta en práctica de la responsabilidad social.  Es un libro valiente. No esconde las dificultades de la tarea, ni promete que, si haces bien tus deberes, puedas lograrlo. Pero te da decenas de motivos para creer que la gestión empresarial en este siglo XXI será responsable y ética, o no será.

De entre las pocas, y cuidadosamente elegidas, citas que contiene el libro, me quedo con ésta de Mahatma Gandhi: “Al principio te ignoran, después se ríen de ti, después luchan contigo, y luego, ganas”.

Otra razón más para hacerse con el libro: los beneficios de los derechos de la autora se destinan a UNICEF.

Transparencia, transparencia, transparencia


Hace semanas me llegó esta presentación de Don Tapscott:  “Cuatro principios para la apertura mundial”. La encontré interesante e inspiradora, y hoy, cuando vivimos en nuestro país una de las crisis institucionales-además de económica y social- y de confianza ciudadana más profundas y desoladoras de nuestra democracia, creo que tiene aún más sentido.

La revolución tecnológica ha transformado el mundo, que avanza a gran velocidad en una dirección en la que la apertura no es ya un horizonte futuro, sino un presente ineludible. Ha dejado de ser un deseo para convertirse en una realidad. Y un poderoso motor para generar innovación. Much@s lo han comprendido, e iniciativas como el open-government pueden enmarcarse en este nuevo escenario.

La apertura significa transparencia; colaboración; conocimiento compartido (la información ya no es poder, sino que el poder reside en compartir la información), y empoderamiento. Este mundo abierto está generando mayores espacios de libertad, de articulación de respuestas colectivas, de intercambio, de colaboración, de participación. Y eso, es bueno. Recordando las palabras de Louis D. Brandeis, Juez de la suprema corte de justicia de los Estados Unidos, Tapscott subraya que la luz del sol es el mejor desinfectante civilizatorio, y señala que “necesitamos un montón de luz solar en este mundo atribulado”.

En esta nueva era en red, de la inteligencia conectada, la clave es la confianza. Como señala Tapscott, en el mundo actual, las instituciones (como las organizaciones) están desnudas, al descubierto, y tienen que ser honestas necesariamente, porque la honestidad es visible (y también su ausencia) como nunca antes; del mismo modo, la integridad tiene que ser un componente de su ADN, porque de lo contrario serán incapaces de lograr la confianza. Y sin confianza, no hay intercambio. No hay diálogo, ni colaboración, ni apoyo, ni credibilidad, ni respeto, ni legitimidad. Sin confianza en su producto, ninguna empresa puede sobrevivir, y mucho menos tener éxito.

Mientras estos principios -diálogo sincero, conocimiento compartido, transparencia, escucha activa- ya son aplicados en todo el mundo por muchas organizaciones (conscientes de que la diplomacia corporativa es un elemento esencial para situarse en el mundo), en nuestro país los viejos esquemas de la opacidad, la ocultación, la negación y ausencia de diálogo, las trabas a la colaboración, nos sumen en una situación esperpéntica donde, lejos de buscar obtener la confianza, se cuestiona a los ciudadanos por querer saber; donde se considera que se pueden negar explicaciones que no convienen a los intereses propios; donde se escatima transparencia en la falsa creencia de que, actuando así, es posible silenciar una realidad. Por mucho que algunos se empeñen, ese viejo modelo ya no puede funcionar ni sostenerse.

Tapscott expresa su confianza en que este mundo abierto contribuya a resolver algunos de los problemas mundiales más acuciantes. El hermoso ejemplo del murmullo de las alas de los estorninos, en el cierre de su presentación, es elocuente. Un mundo abierto y colaborativo es proclive a la búsqueda de soluciones globales y compartidas.

En la era post-industrial en la que vivimos, la transparencia que conlleva un mundo abierto ha dejado de ser una opción. El tren ha salido ya de la estación.Y eso, además de ser imparable, es bueno. Convendría que los responsables políticos entendieran el alcance de esta realidad.

La presentación dura algo menos de 18 minutos. Os aseguro que merece la pena.

Responsabilidad Social: tod@s y más que nunca

01-01

Me asomé a la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) de la mano de algunas de las personas que, en mi opinión, están más comprometidas con el objetivo de ayudar a que las organizaciones sean socialmente responsables. Personas tan convencidas de la importancia de la RSE que han conseguido que también sus organizaciones se convenzan. Personas que han trasladado su pasión, inoculando el virus de la sostenibilidad y la responsabilidad.

Esther Trujillo, y Ramón Jaúregui son algunas de esas personas de cuya mano me he acercado a un espacio de acción apasionante que implica estrategias –verdaderas estrategias a medio y largo plazo, y no meros movimientos tácticos- de responsabilidad social y desarrollo sostenible. Ambos, de los que aprendí, y sigo aprendiendo, señalan con gran acierto que, además de las empresas, se ha de exigir también a las administraciones responsabilidad social en la gestión de lo público.

En este sentido, el Open Government, o Gobierno Abierto es un poderoso instrumento que puede contribuir enormemente a la gestión pública responsable. El open government se fundamenta en tres pilares: transparencia, participación y colaboración entre gobierno y ciudadanos. Transparencia en la utilización de los recursos públicos, que lleva aparejada una gestión responsable de los mismos. Participación de la ciudadanía, trasladando sus puntos de vista y sus intereses.Y colaboración, en un diálogo permanente, en tiempo real, accesible y sincero.

A pesar de las dificultades de implantar una estrategia de RSC en el sector privado, en los últimos años, cada vez más empresas de todo el mundo se relacionan con la sociedad en la que trabajan no sólo para obtener su lógico beneficio económico, sino también con el propósito de crear valor para el interés común. No hablo de filantropía, ni de acción social. Me refiero a la responsabilidad con la sociedad en la que operan, con la que se relacionan, en la que se posicionan, con la que hablan y a la que escuchan, en un diálogo imprescindible y sincero, que no puede ser impostado. En esa alianza con los grupos de interés, ganan las empresas y gana la sociedad.

Ser una organización socialmente responsable se traduce en comportamientos éticos concretos. Implica pasar de las musas al teatro. Maneras de trabajar que tienen que ver no con el cumplimiento de la legislación vigente en materia laboral, de derechos humanos, o medioambiental. La RSC es un compromiso voluntario –al menos a día de hoy-, y por tanto, ha de ir más allá del acatamiento escrupuloso de la ley. Y ahí radica su auténtico valor. Contar con proveedores socialmente responsables, y no hacerlo con aquellos que no lo son; mantener la comunicación con tod@s l@s emplead@s –con tod@s- con transparencia y veracidad; facilitar la conciliación entre la vida personal y profesional a tod@s, hombres y mujeres. Eso es crear valor compartido.

En nuestro país, empresas españolas -particularmente las grandes compañías- son líderes en los índices internacionales de sostenibilidad. Y aunque queda mucho por hacer, hay que destacar lo logrado. Sin embargo, en esta época de crisis, podría ser más difícil que las empresas mantengan su compromiso con la responsabilidad social. Son malos tiempos para la lírica, pero la RSC ya se escribe en prosa, y, no nos olvidemos, la ciudadanía tiene en sus manos la posibilidad de elegir. La crisis económica puede ser, también, una oportunidad para instalar sólidamente en la sociedad una percepción que se traduzca en una realidad sostenida: o se es socialmente responsable, o no se es. Por supuesto esto también es válido para las administraciones públicas.

Ahora tenemos que lograr, entre tod@s, que la marea de la crisis no se lleve por delante lo conseguido, que no borre su huella.

Nota: Dos publicaciones que recomiendo especialmente en relación a este tema: el post de Ramón Jaúregui “Un resumen  y diez recomendaciones para un debate necesario en 2013“. Y el Manual de Gestión Pública Responsable, por Esther Trujillo y otros autores.

¡Bienvenid@s!

Cuando uno escribe sobre lo que ama, lo que admira, o lo que desea comprender, se siente feliz. Y si puede compartirlo con otras personas, y recibir sus opiniones, aprende más y se siente más feliz. En los tiempos difíciles en los que comienza a caminar este blog, la felicidad escasea, y por eso, hay que buscarla incansablemente.

Una buena amiga me enseñó, cuando empecé profesionalmente en las relaciones internacionales hace casi veinte años, que “mi mundo no es el mundo”. Siempre he tenido presente que, cada un@ de nosotr@s, tenemos un cristal distinto para mirar el mundo. Y que sólo con la suma de todas las miradas, es posible transformarlo. Generando consensos entre países –entre personas, en definitiva- en torno a conceptos de convivencia básicos como  la democracia, la igualdad, el progreso económico, el multilateralismo, los derechos humanos, o el desarrollo sostenible.

Escribiré sobre todo esto en este blog. Sin pretensiones. Como pequeña contribución al análisis y a la acción. Si decidís que merece la pena acompañarme con vuestros puntos de vista, gracias.