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La historia de Amaro Cifuentes

libro esther trujillo

Hoy quiero recomendaros un libro. Vaya por delante que la autora, Esther Trujillo, es amiga. Pero no es por eso por lo que escribo esta reseña sobre su obra, “La sociedad que no quería ser anónima”. Lo hago porque el libro, su primer libro –estoy segura de que no será el único- es francamente bueno.

La sociedad que no quería ser anónima” es un libro de acción empresarial y, al tiempo, una novela corta, la historia de Amaro Cifuentes. Contiene rigurosas aportaciones teóricas sobre la Responsabilidad Social Empresarial –tema sobre el que Esther Trujillo tiene una dilatada experiencia directiva y académica;  y, entrecruzándose con ellas, el relato de las vivencias y experiencias –muy reales- de un personaje que deja huella, Amaro Cifuentes, un directivo de RSE. Con Amaro ríes, te enterneces, te rebelas. Y, sobre todo, comprendes.

La sociedad que no quería ser anónima” es un auténtico manual. Para quienes deseen aprender sobre Responsabilidad Social corporativa, Diplomacia Corporativa, o Responsabilidad Social Empresarial -en cualquiera de sus acepciones- será pronto imprescindible. Para quienes sean profesionales de la RSE, el libro será una lectura cómplice, un espejo en el que mirarse para seguir reconociéndose ante el espejo cada día. Y para encontrar aliento. El libro es, también, un buen instrumento de orientación profesional: si después de leerlo sigues queriendo dedicarte a la tarea profesional que desempeña Amaro Cifuentes, lo tuyo es la Responsabilidad Social.

La sociedad que no quería ser anónima” explica, y muy bien, las claves para poner en marcha una estrategia de RSE, cómo orientar el proyecto, crear valor interno y externo, cómo gestionar las relaciones -gran capítulo-, la comunicación, el equipo, las crisis, los indicadores o cómo medir los resultados. Y relata -con generosidad, sin disimulos, dejando a la vista las miserias pero también el compromiso y entusiasmo sinceros- la creatividad y el rigor con el que tratan de hacer todo eso Amaro y su equipo. Buenos ejemplos, en gran parte basados en hechos reales, de cómo crear complicidades internas, cómo identificar y engrasar el diálogo con tus grupos de interés, o como gestionar errores, sobre todo los ajenos.

Esther Trujillo ha escrito un magnífico primer libro. Lo ha hecho con la cabeza y con el corazón. Lo ha hecho con su habitual honestidad intelectual y personal, y el libro las rezuma. Es un libro para aprender. Para inspirarse e inspirar. Un libro útil, de esos a los que vuelves, relees y citas. Es un libro que no te miente y que, además, te dice la verdad. Te habla, sin ambages, de las contradicciones que persisten en las organizaciones empresariales entre el deber ser y el ser, y de la enorme distancia entre los compromisos que se dice asumir, y los muros -a veces incluso involuntarios- que se levantan a la puesta en práctica de la responsabilidad social.  Es un libro valiente. No esconde las dificultades de la tarea, ni promete que, si haces bien tus deberes, puedas lograrlo. Pero te da decenas de motivos para creer que la gestión empresarial en este siglo XXI será responsable y ética, o no será.

De entre las pocas, y cuidadosamente elegidas, citas que contiene el libro, me quedo con ésta de Mahatma Gandhi: “Al principio te ignoran, después se ríen de ti, después luchan contigo, y luego, ganas”.

Otra razón más para hacerse con el libro: los beneficios de los derechos de la autora se destinan a UNICEF.

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Responsabilidad Social: tod@s y más que nunca

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Me asomé a la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) de la mano de algunas de las personas que, en mi opinión, están más comprometidas con el objetivo de ayudar a que las organizaciones sean socialmente responsables. Personas tan convencidas de la importancia de la RSE que han conseguido que también sus organizaciones se convenzan. Personas que han trasladado su pasión, inoculando el virus de la sostenibilidad y la responsabilidad.

Esther Trujillo, y Ramón Jaúregui son algunas de esas personas de cuya mano me he acercado a un espacio de acción apasionante que implica estrategias –verdaderas estrategias a medio y largo plazo, y no meros movimientos tácticos- de responsabilidad social y desarrollo sostenible. Ambos, de los que aprendí, y sigo aprendiendo, señalan con gran acierto que, además de las empresas, se ha de exigir también a las administraciones responsabilidad social en la gestión de lo público.

En este sentido, el Open Government, o Gobierno Abierto es un poderoso instrumento que puede contribuir enormemente a la gestión pública responsable. El open government se fundamenta en tres pilares: transparencia, participación y colaboración entre gobierno y ciudadanos. Transparencia en la utilización de los recursos públicos, que lleva aparejada una gestión responsable de los mismos. Participación de la ciudadanía, trasladando sus puntos de vista y sus intereses.Y colaboración, en un diálogo permanente, en tiempo real, accesible y sincero.

A pesar de las dificultades de implantar una estrategia de RSC en el sector privado, en los últimos años, cada vez más empresas de todo el mundo se relacionan con la sociedad en la que trabajan no sólo para obtener su lógico beneficio económico, sino también con el propósito de crear valor para el interés común. No hablo de filantropía, ni de acción social. Me refiero a la responsabilidad con la sociedad en la que operan, con la que se relacionan, en la que se posicionan, con la que hablan y a la que escuchan, en un diálogo imprescindible y sincero, que no puede ser impostado. En esa alianza con los grupos de interés, ganan las empresas y gana la sociedad.

Ser una organización socialmente responsable se traduce en comportamientos éticos concretos. Implica pasar de las musas al teatro. Maneras de trabajar que tienen que ver no con el cumplimiento de la legislación vigente en materia laboral, de derechos humanos, o medioambiental. La RSC es un compromiso voluntario –al menos a día de hoy-, y por tanto, ha de ir más allá del acatamiento escrupuloso de la ley. Y ahí radica su auténtico valor. Contar con proveedores socialmente responsables, y no hacerlo con aquellos que no lo son; mantener la comunicación con tod@s l@s emplead@s –con tod@s- con transparencia y veracidad; facilitar la conciliación entre la vida personal y profesional a tod@s, hombres y mujeres. Eso es crear valor compartido.

En nuestro país, empresas españolas -particularmente las grandes compañías- son líderes en los índices internacionales de sostenibilidad. Y aunque queda mucho por hacer, hay que destacar lo logrado. Sin embargo, en esta época de crisis, podría ser más difícil que las empresas mantengan su compromiso con la responsabilidad social. Son malos tiempos para la lírica, pero la RSC ya se escribe en prosa, y, no nos olvidemos, la ciudadanía tiene en sus manos la posibilidad de elegir. La crisis económica puede ser, también, una oportunidad para instalar sólidamente en la sociedad una percepción que se traduzca en una realidad sostenida: o se es socialmente responsable, o no se es. Por supuesto esto también es válido para las administraciones públicas.

Ahora tenemos que lograr, entre tod@s, que la marea de la crisis no se lleve por delante lo conseguido, que no borre su huella.

Nota: Dos publicaciones que recomiendo especialmente en relación a este tema: el post de Ramón Jaúregui “Un resumen  y diez recomendaciones para un debate necesario en 2013“. Y el Manual de Gestión Pública Responsable, por Esther Trujillo y otros autores.