Archivos Mensuales: abril 2013

Espíritu crowd

imagen para espíritu crowd

La Sociedad Red ha cambiado radicalmente los códigos sobre los que basamos nuestras relaciones. La des-jerarquización, el fin de la verticalidad en la toma de decisiones, los liderazgos colectivos, y la creación colaborativa son algunas de sus nuevas claves. La pasión, la conciencia social, la libertad y la creatividad -valores de la ética hacker tal y como la recoge Pekka Himanen en “La ética del hacker y el espíritu de la era de la información” – se consolidan como motores esenciales. En este contexto, el diálogo es una herramienta imprescindible.

En su último libro, “Manifiesto Crowd. La empresa y la inteligencia de las multitudes Antoni Gutiérrez-Rubí y Juan Freire analizan cómo esta revolución está impactando a las organizaciones, en particular a las empresas. La cultura empresarial del siglo XXI tiene tres ejes principales de transformación: la comunicación, la organización, y la creación de talento, que establecen nuevos modelos de relación y de negocio. Organización horizontal, comunicación permanente, innovación continua. Frente a la arrogancia y la distancia de las organizaciones tradicionales, la amabilidad y la humildad, junto con la implicación social, de las empresas del siglo XXI.

La Sociedad Red requiere una nueva mirada, una nueva manera de pensar las preguntas y los enfoques. Para las organizaciones capaces de realizar estas lecturas inteligentes, constituye una gran oportunidad.

El libro, acompañado de un Manifiesto de 66 puntos, explora las fuentes de la inteligencia de las multitudes, cómo se puede poner en marcha, y cómo afecta a las empresas, ofreciendo las premisas básicas sobre las que se asienta la empresa que incorpora el crowd a su ADN.

En el siglo XXI el consumidor pide más diálogo y menos seducción. Y para ello la empresa debe tener un carácter explorador, ser permeable, flexible, porosa, favoreciendo la interacción entre los distintos ámbitos estructurales. Ser poroso nos permite contagiarnos de otras ideas y oportunidades. La empresa permeable es la que sabe escuchar, y hacer partícipe al cliente, con más transparencia, y promoviendo la innovación y la creatividad.

Generar innovación requiere nuevos espacios transdisciplinares o adisciplinares, de modo que no importe tanto el origen como lo que aportas y tus motivaciones. La empatía (entender las razones y el lenguaje del que es distinto disciplinar y socialmente), y la capacidad de diálogo son clave. El valor central de este modelo ya no es la competitividad, sino la capacidad de cooperar para mejorar una idea. Ser disruptivo resulta imprescindible, y esa rotura brusca, a menudo, se produce cuando se combinan, en un mismo entorno, perfiles profesionales de distintas disciplinas.

En la Sociedad Red, es esencial para la empresa establecer alianzas (que sólo pueden construirse sobre el diálogo) con los stakeholders, lo que le permitirá generar vínculo en y con la sociedad. La empresa ha de tener una visión de su presencia en el espacio público -y traducirla participando en el diálogo público– en un mundo abierto que reclama transparencia, colaboración, conocimiento compartido y empoderamiento. Comprender el valor de la inteligencia conectada, y transformarla en beneficio mutuo, es estratégico para la gobernanza del ecosistema.

Los 66 puntos del Manifiesto constituyen la declaración de compromisos que la empresa crowd está dispuesta a asumir, mostrando así su voluntad de valorar la inteligencia de las multitudes. De entre ellos destaco los siguientes:

-La empresa del siglo XXI no puede estancarse en un su perímetro de seguridad, debe explorar el posible adyacente.
-Conectividad empresarial no es unir puntos ni tejer redes…es establecer relaciones para pensar, desarrollar y comercializar conjuntamente.
-La RSE es el pasado, negocio e implicación social son ya dos partes inseparables de una misma estrategia.
-La empresa crowd transforma la competividad en competencia, y la rivalidad en cooperación.
-La empresa crowd está abierta al mundo entero.
-Las organizaciones jerárquicas orientadas a la eficiencia se desconectan emocionalmente de sus empleados, y su innovación es cara y lenta.
-En un mundo en cambio continuo la innovación continua es una necesidad de supervivencia, y no ya una opción más para las empresas.
-Para poder innovar hay que tolerar el fracaso.
-Una marca efectiva debe incorporar a su narrativa las relaciones emocionales con y las voces de los stakeholders.
-La gobernanza de un ecosistema complejo de stakeholders debe ser la preocupación principal de cualquier organización.
-Solo con innovación ciudadana, gobiernos y empresas pueden enfrentarse a los retos de la Sociedad Red.

El libro puede descargarse gratuitamente.

 

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La contradictoria voluntad de Brasil de ser un actor global

brasil foto angel

Ejercer un liderazgo en el escenario internacional depende, en primer lugar, de la capacidad para hacerlo (en términos, fundamentalmente, de tamaño, influencia y alianzas políticas, y peso económico), pero también de la voluntad para asumir los costes que conlleva jugar un papel que no resulta sencillo, que no siempre es beneficioso –o al menos que lo es siempre en términos relativos- y que acarrea notables costes económicos.

Sin capacidad, los intentos de ejercer el liderazgo son puro voluntarismo. Pero sin voluntad, ningún liderazgo puede emerger y consolidarse. Querer no siempre es poder. Pero, si no se quiere, será irrelevante si se puede.

No cabe duda de que Brasil es hoy, por su población, tamaño, y peso económico y político, un país con capacidad para ejercer no sólo un liderazgo regional sino, también, global en el escenario internacional. Su relevancia es evidente: ha cerrado 2011 como sexta economía del mundo, es un activo miembro del G20, es país líder en la lucha contra el hambre y la pobreza en el mundo.

La reivindicación, que no es reciente, de contar con un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y de mejorar su presencia en los órganos directivos de las instituciones financieras multilaterales (Fondo Monetario Internacional, y Banco Mundial) para adaptarla a su peso actual, podrían ser consideradas como muestras evidentes de la voluntad de jugar un papel global.

Sin embargo, a pesar de su rotunda relevancia en el escenario internacional, promovida asimismo por su potente diplomacia, no está claro que, efectivamente, Brasil desee y esté dispuesto a ejercer un liderazgo global. Esto es, lo persiga genuina y consecuentemente, y asuma la implicación que supone, incluido el posicionamiento en los grandes temas globales con una visión amplia, y no sólo nacional, así como los costes políticos y económicos de promover y defender, ante y con sus aliados naturales, sus socios regionales y otros actores globales, esa visión global..

De hecho, a través de muchas de sus autoridades y representantes políticos, Brasil ha afirmado, explícitamente, “no querer ser líder” –ni en la región ni en el escenario global-, sino “ser tratado como igual”. Lo cual encierra, en sí mismo, una contradicción.

Lo que más bien parece plantear Brasil es una aspiración a ser reconocido como un país con derecho a tomar las decisiones que considere más oportunas para la defensa de sus intereses nacionales, tanto en términos económicos como políticos. Esto últimos pueden incluir (al menos lo han hecho con los liderazgos de Lula da Silva y, quizá en menor medida, con el actual de Dilma Rousseff) una contribución sólida a la defensa de los bienes públicos globales como la paz y la seguridad, el impulso a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, la defensa del medio ambiente, el multilateralismo eficaz, o el desarrollo sostenible.

Esta aspiración brasileña de liderazgo “relativo” pero fuerte podría, quizá, tener mayor posibilidad de materializarse si Brasil y México –el segundo país más importante de América Latina y que se identifica como uno de los nuevos países emergentes o MIST (con Indonesia, Corea del Sur y Turquía)- fueran capaces no sólo de superar una tradicional rivalidad y recelo mutuo, sino de sumar sus relevancias, promover intereses compartidos, y encontrar terrenos comunes en asuntos que puedan reforzar su posición internacional mientras fortalecen intereses nacionales y regionales. Una alianza entre Brasil y México podría no sólo multiplicar su relevancia global de manera individual sino, quizá, ser el único camino para  afianzarla.