Archivo de la categoría: Responsabilidad Social Corporativa

Gobernanza, un espacio para el debate

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Hace unos días se publicó el último número de la Revista Gobernanza, publicación digital de la Asociación Internacional para la Gobernanza, la Ciudadanía y la Empresa (AIGOB) con la que tengo el honor y el placer de colaborar.

Gobernanza es un revista política, que analiza la actualidad con planteamientos críticos, fomentando el debate y la generación de ideas. Aborda temas de política internacional -en particular sobre América Latina-, política local, y Responsabilidad Social Corporativa, entre otros, con el objetivo de impulsar y fortalecer la cultura democrática del siglo XXI, y mejorar la calidad de vida de nuestra sociedad, y por tanto de l@s ciudadan@s.

Además del honor de compartir espacio con autor@s prestigiosos como F. Xavier Ruiz Collantes, Moisés Naim, Peter Hakim, o Juli Ponce, la publicación. abierta a la colaboración, me permite escribir e intercambiar opinión sobre algunos de los temas que más nos ocupan y preocupan en estos tiempos: transparencia, democracia, participación política de las mujeres, derechos humanos, o tendencias políticas en América Latina.  

En esta ocasión colaboro con un artículo sobre las reformas que está impulsando el nuevo gobierno mexicano liderado por el Presidente Peña Nieto, a través del Pacto por México, el gran acuerdo entre las principales fuerzas políticas mexicanas, para sacar adelante reformas de calado que ayuden a resolver algunos de los problemas estructurales que enfrenta el país, como la desigualdad, la pobreza, o la educación. 

En estos tiempos en los que nuestro país atraviesa una de las crisis económicas y políticas más profundas de las últimas décadas, y en particular en un día como el de hoy, en el que conocemos nuevos datos sobre la corrupción política, un espacio para el debate abierto y plural como el que ofrece la Revista Gobernanza se me antoja imprescindible. Sólo el análisis honesto, riguroso y plural, en las antípodas de la manipulación, la simplificación y la frivolidad, puede sentar las bases de una cultura democrática abierta, propositiva y cercana a l@s ciudadan@s. Una cultura democrática del siglo XXI.

Inversiones positivas, empresas sostenibles

intermon oxfam

Intermon Oxfam ha vuelto a presentar uno de sus magníficos Informes, aportando, con su habitual rigor, información sustantiva, y propuestas concretas encaminadas a mejorar las actuaciones que analiza. Se trata, en esta ocasión, de un trabajo sobre la acción de las empresas españolas fuera de nuestras fronteras, y sus recomendaciones no sólo van dirigidas a las organizaciones empresariales, sino también al gobierno español y a la ciudadanía. El Informe “La empresa española y los derechos humanos. Claves para una internacionalización responsable” es francamente recomendable. Aporta valor a empresas, gobierno y ciudadan@s, y no podía ser más oportuno.

La Organización lo presentó el pasado 12 de junio, en un contexto, como el propio informe señala, en el que el peso de la internacionalización en la economía española alcanza ya el 42% del PIB. Un momento en el que el gobierno español está poniendo en marcha una estrategia para promover la Marca España como elemento que contribuya a superar la crisis económica. Un momento en el que la ciudadanía exige de sus empresas, y de los productos que comercializan, un compromiso ético.

Como señala el Informe, hay empresas que invierten de manera sostenible, con beneficio para las comunidades en las que operan, y otras cuya actuación vulnera los criterios éticos y de responsabilidad.

La sostenibilidad no es sólo un objetivo ético, que contribuye al desarrollo y al progreso de las personas en las que la actividad de las empresas tiene impacto. También debe serlo de negocio. Una inversión responsable mejora la valoración de la empresa, su reputación y, con ella, sus ventas. Una inversión transparente es una garantía para que l@s ciudadan@s sepan qué hay detrás de los productos que consumen. Una inversión positiva es un motor de cambio en las zonas  rurales. Una inversión responsable crea empleo de  calidad, acerca tecnología y conocimientos a zonas deprimidas, actúa como multiplicador en las economías locales y, en definitiva, contribuye a reducir la  pobreza.

Como bien señala el Informe, las empresas que inviertan con prácticas sostenibles y políticas de protección de los derechos humanos, serán las mejores embajadoras de la Marca España.  El gobierno español tiene una oportunidad única para, incorporando en su marco normativo las nuevas disposiciones dirigidas a las empresas que adoptará la UE en materia de derechos humanos, convertir estos principios en tarjeta de presentación de su política exterior, y en elemento esencial de la Marca España, como elemento diferenciador de las empresas españolas, como marca propia de nuestras empresas en el exterior. El gobierno dispone de un importante instrumento para alentar a las empresas españolas en esta dirección, a través del sustantivo paquete de créditos a la internacionalización, cifrado en 4.215 millones de euros para 2013.

El Informe de Intermón Oxfam no sugiere que las empresas se conviertan en entidades benéficas. Lo que afirma, con acierto, es que ser un buen negocio, y ser bueno para la sociedad no sólo no son incompatibles, sino que añaden valor al propio negocio, tanto en los intangibles como la reputación o la imagen de la empresa, como en la cuenta de resultados.  Negocio y compromiso social van ya unidos. Gestionar una crisis de reputación siempre es más costoso y difícil que aplicar criterios de sostenibilidad a la gestión empresarial.  Invertir bien es ético, es responsable, revierte en la reputación de la empresa, e incrementa el negocio. Y, además, contribuye a reducir la pobreza y la desigualdad. No se puede pedir más.

Empresa inteligente busca mujeres directivas

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Hace unos días me estrené en  “Más de la mitad”, un blog escrito por mujeres, y destinado a ser leído tanto por hombres como por mujeres. En él, mujeres inspiradoras como Sóle Giménez, Belén de la Banda, María del Pozo, Natalia Quiroga, Margarita Saldaña, Susana Martínez Novo, o Irene Milleiro, entre otras, comparten ideas y propuestas transformadoras que nos permitan avanzar hacia un mundo más justo, que necesariamente es un mundo en el que mujeres y hombres disfruten de iguales derechos y libertades, y de iguales oportunidades. 

Inicié mi colaboración con una entrada sobre el liderazgo femenino en las empresas,  un tema sobre el que hemos escrito mucho, tanto hombres como mujeres, y en el que los escasos avances casi siempre son fruto de un plus de esfuerzo y empeño personal de las mujeres. Las cifras son elocuentes (apenas un 7% de mujeres en los órganos de dirección de las empresas del Ibex35, con una brecha salarial que puede alcanzar el 30% en los niveles más altos), y evidencian que aún queda un largo trecho para cerrar el enorme gap de desigualdad que existe en la dirección empresarial, y que tiene un especial impacto, pues la visibilidad de una mujer contribuye a la visibilidad de todas, y una mujer directiva es particularmente visible. 

Lo mejor de todo es que las empresas que cuentan con mujeres para puestos directivos tienen mejores resultados económicos. Y esa sí es una poderosa razón para acortar la distancia. No se trata sólo de justicia o equidad, ni de marketing, sino de inteligencia. Las mujeres somos una excelente apuesta para las empresas más innovadoras y creativas, las empresas conscientes de estar construyendo el futuro. 

Bangladesh, la urgencia de la ética de la responsabilidad

Ayer se cumplió un mes de la muerte de, al menos, 1.127 personas en el edificio Rana Plaza del suburbio de Savar en Daca, la capital de Bangladesh. El edificio de ocho plantas, en el que funcionaban cinco talleres textiles, se derrumbó el 24 de abril debido a fracturas en su estructura. El día anterior a la tragedia, se había alertado sobre la posibilidad de un colapso del edificio, recomendación que los empleadores ignoraron, amenazando con el despido a los trabajadores que no acudieran a su puesto de trabajo. Hay casi 2.500 personas heridas.

Bajo los escombros del edificio Rana Plaza, Nasima, de 24 años, pasó cuatro días enterrada antes de ser rescatada. A Shapla, de 19 años, le amputaron el brazo izquierdo en el mismo lugar del accidente. Razia, de 21 años, sufre tanto dolor que en el hospital pide a gritos morir. Marian, de 25 años, tiene los brazos y las piernas destrozadas.

En Bangladesh, la industria textil – en la que trabajan más de 3 millones de personas (el 90% mujeres) en casi 4.000 fábricas- representa el 78% de sus exportaciones, y es el sector que genera más divisas -unos 20.000 millones de dólares al año-, en un país de 150 millones de habitantes en el que dos tercios de la población se dedican a la agricultura. Las compañías comenzaron a instalarse en el país asiático en 1980, atraídos por la mano de obra barata –el salario mínimo de los trabajadores del sector es el más bajo del mundo, con 38 dólares- y los bajos impuestos.

Tras la tragedia y las manifestaciones de miles de trabajadores durante más de dos semanas reclamando mejores condiciones, el gobierno bangladeshí ha aprobado algunas medidas, incluido un Acuerdo para la Seguridad de los Edificios y contra el Fuego, suscrito el pasado 15 de mayo. Las autoridades, que han comenzado a implantar estándares de seguridad en casi 950 fábricas del país en las que se ha considerado que existían riesgos, han cerrado ya 18 fábricas. Sin duda, el gobierno bangladeshí es una de las partes que tiene que asumir responsabilidades, y promover un cambio que asegure la dignidad de las condiciones de trabajo en su país.

En el edificio Rana Plaza del suburbio de Savar en Dacar, tenían sus talleres textiles varias compañías transnacionales como Benetton, Primark, H&M, Mango, Gap, o El Corte Inglés. En un mundo global, deslocalizar, en países en desarrollo, la producción que se vende en el primer mundo resulta obscenamente rentable en términos económicos. Sin embargo, contratar la producción con proveedores que respeten la seguridad y los derechos laborales es una elección, y por tanto una responsabilidad.  Supervisar toda la cadena, que en ocasiones incluye subcontrataciones de subcontrataciones, no es sólo una obligación ética, sino una fortaleza para el coste intangible que representa la imagen o la reputación de la empresa. En la sociedad red, los consumidores son cada vez más influyentes, y las grandes corporaciones más vulnerables al rechazo social. Nike y Adidas divulgan hoy los nombres de sus proveedores en el extranjero, después de conocerse, a mediados de los años 90, que sus productos eran fabricados en Pakistán por niños y niñas, en algunos casos menores de seis años.

La tragedia del edificio Rana Plaza en el suburbio de Savar en Daca, capital de Bangladesh, ha mostrado al mundo las condiciones en las que viven y trabajan las miles de personas que cosen la ropa que compramos en este lado del planeta. Ninguna de estas muertes tiene sentido, pero quizá puedan contribuir a que más personas en el mundo, más gobiernos, y más empresas asuman un nuevo y urgente paradigma de sostenibilidad como espacio de convergencia entre la viabilidad económica, la equidad social, y el equilibrio medioambiental. Esto requiere de cambios en la forma de producir. Como señalan Antoni Gutiérrez-Rubí y Juan Freire en su libro Manifiesto Crowd. La empresa y la inteligencia de las multitudes, en el siglo XXI, negocio e implicación social forman parte de una misma estrategia. Algunas empresas están transitando ese camino, en particular las pequeñas y medianas, que podrían ser un ejemplo de cómo se puede crear valor compartido a corto, medio y largo plazo.

Pero la sostenibilidad también requiere de cambios en la forma de consumir. Los consumidores no sólo tenemos que exigir y adquirir productos hechos con respeto a la dignidad de las personas, sino también cambiar nuestras pautas de consumo, aproximándolas a nuestras verdaderas necesidades.

PD. Agradezco a @MartAriasRobles su acertado post, Un edificio en Bangladesh, que en buena medida ha inspirado éste.

Espíritu crowd

imagen para espíritu crowd

La Sociedad Red ha cambiado radicalmente los códigos sobre los que basamos nuestras relaciones. La des-jerarquización, el fin de la verticalidad en la toma de decisiones, los liderazgos colectivos, y la creación colaborativa son algunas de sus nuevas claves. La pasión, la conciencia social, la libertad y la creatividad -valores de la ética hacker tal y como la recoge Pekka Himanen en “La ética del hacker y el espíritu de la era de la información” – se consolidan como motores esenciales. En este contexto, el diálogo es una herramienta imprescindible.

En su último libro, “Manifiesto Crowd. La empresa y la inteligencia de las multitudes Antoni Gutiérrez-Rubí y Juan Freire analizan cómo esta revolución está impactando a las organizaciones, en particular a las empresas. La cultura empresarial del siglo XXI tiene tres ejes principales de transformación: la comunicación, la organización, y la creación de talento, que establecen nuevos modelos de relación y de negocio. Organización horizontal, comunicación permanente, innovación continua. Frente a la arrogancia y la distancia de las organizaciones tradicionales, la amabilidad y la humildad, junto con la implicación social, de las empresas del siglo XXI.

La Sociedad Red requiere una nueva mirada, una nueva manera de pensar las preguntas y los enfoques. Para las organizaciones capaces de realizar estas lecturas inteligentes, constituye una gran oportunidad.

El libro, acompañado de un Manifiesto de 66 puntos, explora las fuentes de la inteligencia de las multitudes, cómo se puede poner en marcha, y cómo afecta a las empresas, ofreciendo las premisas básicas sobre las que se asienta la empresa que incorpora el crowd a su ADN.

En el siglo XXI el consumidor pide más diálogo y menos seducción. Y para ello la empresa debe tener un carácter explorador, ser permeable, flexible, porosa, favoreciendo la interacción entre los distintos ámbitos estructurales. Ser poroso nos permite contagiarnos de otras ideas y oportunidades. La empresa permeable es la que sabe escuchar, y hacer partícipe al cliente, con más transparencia, y promoviendo la innovación y la creatividad.

Generar innovación requiere nuevos espacios transdisciplinares o adisciplinares, de modo que no importe tanto el origen como lo que aportas y tus motivaciones. La empatía (entender las razones y el lenguaje del que es distinto disciplinar y socialmente), y la capacidad de diálogo son clave. El valor central de este modelo ya no es la competitividad, sino la capacidad de cooperar para mejorar una idea. Ser disruptivo resulta imprescindible, y esa rotura brusca, a menudo, se produce cuando se combinan, en un mismo entorno, perfiles profesionales de distintas disciplinas.

En la Sociedad Red, es esencial para la empresa establecer alianzas (que sólo pueden construirse sobre el diálogo) con los stakeholders, lo que le permitirá generar vínculo en y con la sociedad. La empresa ha de tener una visión de su presencia en el espacio público -y traducirla participando en el diálogo público– en un mundo abierto que reclama transparencia, colaboración, conocimiento compartido y empoderamiento. Comprender el valor de la inteligencia conectada, y transformarla en beneficio mutuo, es estratégico para la gobernanza del ecosistema.

Los 66 puntos del Manifiesto constituyen la declaración de compromisos que la empresa crowd está dispuesta a asumir, mostrando así su voluntad de valorar la inteligencia de las multitudes. De entre ellos destaco los siguientes:

-La empresa del siglo XXI no puede estancarse en un su perímetro de seguridad, debe explorar el posible adyacente.
-Conectividad empresarial no es unir puntos ni tejer redes…es establecer relaciones para pensar, desarrollar y comercializar conjuntamente.
-La RSE es el pasado, negocio e implicación social son ya dos partes inseparables de una misma estrategia.
-La empresa crowd transforma la competividad en competencia, y la rivalidad en cooperación.
-La empresa crowd está abierta al mundo entero.
-Las organizaciones jerárquicas orientadas a la eficiencia se desconectan emocionalmente de sus empleados, y su innovación es cara y lenta.
-En un mundo en cambio continuo la innovación continua es una necesidad de supervivencia, y no ya una opción más para las empresas.
-Para poder innovar hay que tolerar el fracaso.
-Una marca efectiva debe incorporar a su narrativa las relaciones emocionales con y las voces de los stakeholders.
-La gobernanza de un ecosistema complejo de stakeholders debe ser la preocupación principal de cualquier organización.
-Solo con innovación ciudadana, gobiernos y empresas pueden enfrentarse a los retos de la Sociedad Red.

El libro puede descargarse gratuitamente.

 

La historia de Amaro Cifuentes

libro esther trujillo

Hoy quiero recomendaros un libro. Vaya por delante que la autora, Esther Trujillo, es amiga. Pero no es por eso por lo que escribo esta reseña sobre su obra, “La sociedad que no quería ser anónima”. Lo hago porque el libro, su primer libro –estoy segura de que no será el único- es francamente bueno.

La sociedad que no quería ser anónima” es un libro de acción empresarial y, al tiempo, una novela corta, la historia de Amaro Cifuentes. Contiene rigurosas aportaciones teóricas sobre la Responsabilidad Social Empresarial –tema sobre el que Esther Trujillo tiene una dilatada experiencia directiva y académica;  y, entrecruzándose con ellas, el relato de las vivencias y experiencias –muy reales- de un personaje que deja huella, Amaro Cifuentes, un directivo de RSE. Con Amaro ríes, te enterneces, te rebelas. Y, sobre todo, comprendes.

La sociedad que no quería ser anónima” es un auténtico manual. Para quienes deseen aprender sobre Responsabilidad Social corporativa, Diplomacia Corporativa, o Responsabilidad Social Empresarial -en cualquiera de sus acepciones- será pronto imprescindible. Para quienes sean profesionales de la RSE, el libro será una lectura cómplice, un espejo en el que mirarse para seguir reconociéndose ante el espejo cada día. Y para encontrar aliento. El libro es, también, un buen instrumento de orientación profesional: si después de leerlo sigues queriendo dedicarte a la tarea profesional que desempeña Amaro Cifuentes, lo tuyo es la Responsabilidad Social.

La sociedad que no quería ser anónima” explica, y muy bien, las claves para poner en marcha una estrategia de RSE, cómo orientar el proyecto, crear valor interno y externo, cómo gestionar las relaciones -gran capítulo-, la comunicación, el equipo, las crisis, los indicadores o cómo medir los resultados. Y relata -con generosidad, sin disimulos, dejando a la vista las miserias pero también el compromiso y entusiasmo sinceros- la creatividad y el rigor con el que tratan de hacer todo eso Amaro y su equipo. Buenos ejemplos, en gran parte basados en hechos reales, de cómo crear complicidades internas, cómo identificar y engrasar el diálogo con tus grupos de interés, o como gestionar errores, sobre todo los ajenos.

Esther Trujillo ha escrito un magnífico primer libro. Lo ha hecho con la cabeza y con el corazón. Lo ha hecho con su habitual honestidad intelectual y personal, y el libro las rezuma. Es un libro para aprender. Para inspirarse e inspirar. Un libro útil, de esos a los que vuelves, relees y citas. Es un libro que no te miente y que, además, te dice la verdad. Te habla, sin ambages, de las contradicciones que persisten en las organizaciones empresariales entre el deber ser y el ser, y de la enorme distancia entre los compromisos que se dice asumir, y los muros -a veces incluso involuntarios- que se levantan a la puesta en práctica de la responsabilidad social.  Es un libro valiente. No esconde las dificultades de la tarea, ni promete que, si haces bien tus deberes, puedas lograrlo. Pero te da decenas de motivos para creer que la gestión empresarial en este siglo XXI será responsable y ética, o no será.

De entre las pocas, y cuidadosamente elegidas, citas que contiene el libro, me quedo con ésta de Mahatma Gandhi: “Al principio te ignoran, después se ríen de ti, después luchan contigo, y luego, ganas”.

Otra razón más para hacerse con el libro: los beneficios de los derechos de la autora se destinan a UNICEF.

Responsabilidad Social: tod@s y más que nunca

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Me asomé a la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) de la mano de algunas de las personas que, en mi opinión, están más comprometidas con el objetivo de ayudar a que las organizaciones sean socialmente responsables. Personas tan convencidas de la importancia de la RSE que han conseguido que también sus organizaciones se convenzan. Personas que han trasladado su pasión, inoculando el virus de la sostenibilidad y la responsabilidad.

Esther Trujillo, y Ramón Jaúregui son algunas de esas personas de cuya mano me he acercado a un espacio de acción apasionante que implica estrategias –verdaderas estrategias a medio y largo plazo, y no meros movimientos tácticos- de responsabilidad social y desarrollo sostenible. Ambos, de los que aprendí, y sigo aprendiendo, señalan con gran acierto que, además de las empresas, se ha de exigir también a las administraciones responsabilidad social en la gestión de lo público.

En este sentido, el Open Government, o Gobierno Abierto es un poderoso instrumento que puede contribuir enormemente a la gestión pública responsable. El open government se fundamenta en tres pilares: transparencia, participación y colaboración entre gobierno y ciudadanos. Transparencia en la utilización de los recursos públicos, que lleva aparejada una gestión responsable de los mismos. Participación de la ciudadanía, trasladando sus puntos de vista y sus intereses.Y colaboración, en un diálogo permanente, en tiempo real, accesible y sincero.

A pesar de las dificultades de implantar una estrategia de RSC en el sector privado, en los últimos años, cada vez más empresas de todo el mundo se relacionan con la sociedad en la que trabajan no sólo para obtener su lógico beneficio económico, sino también con el propósito de crear valor para el interés común. No hablo de filantropía, ni de acción social. Me refiero a la responsabilidad con la sociedad en la que operan, con la que se relacionan, en la que se posicionan, con la que hablan y a la que escuchan, en un diálogo imprescindible y sincero, que no puede ser impostado. En esa alianza con los grupos de interés, ganan las empresas y gana la sociedad.

Ser una organización socialmente responsable se traduce en comportamientos éticos concretos. Implica pasar de las musas al teatro. Maneras de trabajar que tienen que ver no con el cumplimiento de la legislación vigente en materia laboral, de derechos humanos, o medioambiental. La RSC es un compromiso voluntario –al menos a día de hoy-, y por tanto, ha de ir más allá del acatamiento escrupuloso de la ley. Y ahí radica su auténtico valor. Contar con proveedores socialmente responsables, y no hacerlo con aquellos que no lo son; mantener la comunicación con tod@s l@s emplead@s –con tod@s- con transparencia y veracidad; facilitar la conciliación entre la vida personal y profesional a tod@s, hombres y mujeres. Eso es crear valor compartido.

En nuestro país, empresas españolas -particularmente las grandes compañías- son líderes en los índices internacionales de sostenibilidad. Y aunque queda mucho por hacer, hay que destacar lo logrado. Sin embargo, en esta época de crisis, podría ser más difícil que las empresas mantengan su compromiso con la responsabilidad social. Son malos tiempos para la lírica, pero la RSC ya se escribe en prosa, y, no nos olvidemos, la ciudadanía tiene en sus manos la posibilidad de elegir. La crisis económica puede ser, también, una oportunidad para instalar sólidamente en la sociedad una percepción que se traduzca en una realidad sostenida: o se es socialmente responsable, o no se es. Por supuesto esto también es válido para las administraciones públicas.

Ahora tenemos que lograr, entre tod@s, que la marea de la crisis no se lleve por delante lo conseguido, que no borre su huella.

Nota: Dos publicaciones que recomiendo especialmente en relación a este tema: el post de Ramón Jaúregui “Un resumen  y diez recomendaciones para un debate necesario en 2013“. Y el Manual de Gestión Pública Responsable, por Esther Trujillo y otros autores.