Archivos Mensuales: diciembre 2012

Un deseo para 2013

armas bajo control

Las cosas cambian cuando una mayoría social lo quiere, y actúa para que cambien. Y cuando un responsable político es capaz de recoger las demandas ciudadanas y traducirlas en cambios legales.

Mi deseo para el año próximo es que se logre, por fin, un Tratado sobre el Comercio de Armas Convencionales.

Aprobar el Tratado supondría contar con un instrumento jurídicamente vinculante para que los Estados adopten controles universales para las exportaciones e importaciones de armas. Un avance enorme para fortalecer los derechos humanos, el derecho internacional humanitario, y por tanto la paz y la seguridad.

El pasado mes de julio, Estados Unidos y Rusia, entre otros países, solicitaron más tiempo para aprobar el Tratado, lo que lo ha retrasado de nuevo. Pero, como señala Intermón Oxfam, se ha logrado ya un apoyo amplio para lograrlo, que ha ido creciendo en muchos países del mundo gracias a la movilización y a la acción ciudadanas.

Las negociaciones se reanudarán en marzo de 2013.

En estos días, la sociedad estadounidense, conmocionada por la reciente tragedia sucedida en Newtown -donde murieron asesinados veinte niños y niñas, y seis adultos- ha empezado a expresar la necesidad de “hacer algo para cambiar”, para que esta situación no vuelva a repetirse, para afrontar la violencia que, cada año, ejercen personas que, en virtud de la segunda enmienda constitucional, están en posesión de armas de fuego en el país.

En su discurso  tras la tragedia, el Presidente Barack Obama se comprometió a “utilizar todo el poder” presidencial para cambiar las cosas. “Estas tragedias deben terminar. Se nos dirá que las causas de esa violencia son complejas, y eso es cierto. Pero eso no puede ser una excusa para la inacción. Tenemos la obligación de intentarlo. ¿Estamos dispuestos a decir que la violencia que ataca a nuestros niños año tras año es el precio que pagamos por nuestra libertad?”.

Este cambio es, sin duda, un profundo cambio cultural. Y como cualquier cambio de raíces culturales, tomará tiempo y determinación, y requerirá una sociedad movilizada que reclame a los liderazgos políticos cambios legislativos efectivos, programas de prevención y educación en las escuelas, en definitiva, una verdadera política integral contra la violencia.

El poderoso lobby de las armas, la Asociación Nacional del Rifle, se opondrá. Cualquier tramitación legislativa efectiva para imponer mayores controles requerirá un enorme esfuerzo. Como señala el New York Times en su editorial de hace un par de días, durante años se han presentado proyectos de ley de control de armas que han sido rechazados.

Pero ahora parece existir una nueva movilización ciudadana que puede cambiar las cosas. La firma, en apenas tres días, por parte de casi 160.000 personas, de una petición en la web de la Casa Blanca para que el presidente Barack Obama trabaje por un mayor control de la armas en el país es alentadora.

Junto a ese cambio esperanzador, sería deseable que Estados Unidos, en coherencia, cambiara también su posición en las negociaciones internacionales en marcha, contribuyendo a hacer posible la aprobación de un Tratado Internacional sobre el Comercio de Armas. 

Ese Tratado es mi deseo para el 2013.

Defender lo nuestro

DERECHOS-HUMANOS-1

Ayer fue el día universal de los derechos humanos. El día que se conmemora que, hace 64 años en las Naciones Unidas, decidimos aprobar una declaración que contiene los derechos fundamentales, inalienables, de los que tod@s deberíamos disfrutar, en cualquier lugar del mundo, en nuestra condición de seres humanos.

Escribo hoy este post, en lugar de hacerlo ayer, como una manera de recordar y recordarnos la necesidad de que nuestros derechos, los derechos humanos, sean promovidos y defendidos todos los días. Hay personas, como señalan organizaciones como Amnistía Internacional, que hacen de la defensa de nuestros derechos su quehacer diario y su horizonte vital. Hay personas que se fajan por nuestros derechos cada uno de los días de su vida, en lugares donde defender las libertades y derechos fundamentales se paga, a veces, con la vida, y en muchas ocasiones con la privación de libertad, las torturas, o el acoso social y/o institucional en sus países. Esas personas son imprescindibles y hoy, quizá, aún más necesarias que nunca.

En tiempos difíciles como los que vivimos en países desarrollados como el nuestro, defender los derechos humanos resulta más difícil y más arduo. Los gobiernos democráticos, claves en la promoción y defensa universal de los derechos humanos, son menos receptivos a las recomendaciones y peticiones de organizaciones, como Amnistía Internacional, que denuncian abusos y violaciones de esos derechos. Están ocupados en asuntos urgentes como la crisis económica.  Y sin duda tienen la tentación de despreocuparse de otros asuntos, tan urgentes e importantes. Al mismo tiempo, esos mismo gobiernos reciben menos presión de la ciudadanía para que actúe, en el seno de las instituciones de las que forman parte o en sus relaciones bilaterales, en contra de las violaciones y abusos que se cometen en otros países. En épocas de prosperidad y bienestar, los gobiernos de países democráticos pueden ser más proclives a defender y promover los derechos humanos. Pero en épocas de crisis, como la actual, olvidar ese compromiso es demasiado fácil, y, además, la sociedad no afea esa conducta. Al menos no lo hace de manera tan visible que obligue a los gobiernos a actuar.

En nuestro país, hoy estamos preocupados por el trabajo -por conseguirlo y/o por no perderlo-, por la educación de nuestr@s hij@s, la sanidad, la jubilación de nuestros mayores… temas clave para la sociedad que hemos construido a lo largo de estas décadas de democracia, sobre la base de la cohesión social, hoy achicada y debilitada.

Sin embargo, y a pesar de las dificultades que much@s estamos enfrentando, la sociedad española sigue siendo, como señala la Coordinadora de ONGS en su último informe, una sociedad solidaria, sensible al sufrimiento de otros cuya situación es, a gran distancia, infinitamente peor que la nuestra. Sensible, y comprometida.

Los derechos humanos son los derechos de todos nosotros. En estos tiempos duros, no dejemos de exigir a nuestros gobiernos, como elemento esencial y concreto de su acción exterior, que los promueva y los defienda en todo el mundo. No dejemos de alzar nuestra voz, de manera individua y colectiva, para denunciar su violación. Estaremos defendiendo lo de todos los seres humanos.También lo nuestro.

Pacto por México: luces y sombras

 

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El acuerdo suscrito por el Presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, con los líderes del PRI, del PAN y del PRD, principales fuerzas políticas mexicanas,  bajo el nombre de Pacto por México, es una buena noticia.

En primer lugar, despeja en parte la incertidumbre sobre la etapa que ahora se abre en el país, tras la vuelta del PRI a la presidencia de la República, sobre si este regreso representaría un retroceso democrático. El Pacto es, en buena medida, una muestra de madurez de la transición democrática mexicana.

Durante años (al menos durante los sexenios de los Presidentes Fox y Calderón) se ha señalado la necesidad de aglutinar un consenso político amplio que permitiera sacar adelante las reformas imprescindibles que el país necesita  para avanzar en su desarrollo económico y social. Asimismo, se ha dado acuerdo sobre cuáles son esas reformas clave: educativa, fiscal, energética, entre otras. Ese consenso que se ha venido reclamando como imprescindible parece, por fin, haberse logrado.

Habrá que ver si el Pacto se traducirá en decisiones ejecutivas y en medidas transformadoras de una realidad compleja y diversa, reflejo del país que es México. Habrá que esperar para saber si la buena noticia trasciende una mera imagen de unidad –sin duda nueva en el país- y un conjunto de buenas intenciones.

El hecho de que el Pacto se firmara en el primer día hábil de la presidencia de Peña Nieto, el 2 de diciembre, es también una señal positiva de la voluntad de ponerse manos a la obra cuanto antes. Como también sucede en su vecino Estados Unidos, las decisiones complejas y de calado se han de tomar en la primera mitad del mandato, cuanto antes, aprovechando el “momentum” y la energía con que se aborda una nueva presidencia. Algunos analistas señalan que se han de tomar en el primer año de su presidencia.

El Pacto incluye cinco puntos para transformar el país en una sociedad de derechos y libertad; impulsar el crecimiento económico, el empleo y la competitividad; garantizar seguridad, justicia y transparencia; la rendición de cuentas y el combate a la corrupción; y la gobernabilidad democrática.

A través de casi 100 compromisos, contempla reformas en materia educativa, pensiones para desempleados y jubilados, la universalidad del sistema de salud pública, medidas para combatir la pobreza, la defensa de los derechos humanos, el fomento de la competencia y el acceso a las telecomunicaciones, la reforma bancaria y fiscal, la conversión de la petrolera estatal Pemex en una empresa productiva, la creación de la Gendarmería Nacional, la unificación de códigos penales, la puesta en marcha de la Comisión Anticorrupción, una reforma electoral que limite los gastos de campaña y permita forjar gobiernos de coalición, o un nuevo estatus jurídico para el Distrito Federal.

El Pacto es ambicioso en algunos puntos, y más modesto en otros. Algunos analistas han expresado ya su decepción ante la reforma energética, que consideran ineficaz al mantener la propiedad estatal de Pemex. Otros expresan serias dudas sobre los necesarios recursos económicos para implementar estas medidas. ¿De dónde saldrá el dinero? La fiscalidad mexicana está entre las más bajas de la región latinoamericana, si descontamos los ingresos del petróleo.

Sin embargo, lo que es evidente es que el Pacto es un punto de partida. Sin él, el Presidente Peña Nieto, en minoría en el Congreso y el Senado, lo tendría muy difícil, casi imposible, para sacar adelante cualquier reforma. Con el apoyo de la oposición, existe una oportunidad. La voluntad de sus firmantes dirá si las esperanzas están fundadas.

De lograrse todos o algunos de estos cambios, México daría un gran paso modernizador, lo que  supondría mejores y mayores ingresos procedentes de sus recursos naturales, y por tanto mayor riqueza y posibilidad de redistribuir; reducción de la enorme brecha de desigualdad; inversión en capital humano; una fiscalidad que posibilite políticas públicas sostenibles. En definitiva, México cambiaría su cara, que ahora refleja un país de 112 millones de habitantes en el que el 44% vive en la pobreza, casi el 34% en pobreza moderada y el 10.5% en pobreza extrema; un país en el que, a pesar de los avances que se han producido en los últimos años a través de programas exitosos como Oportunidades, la distancia entre el Índice de Desarrollo Humano entre Estados y/o municipios es inmensa (Nuevo León o el Distrito Federal, con un Índice alto, frente a Chiapas, u Oaxaca, con Índices muy bajos). Un país en el que, según la OCDE, el 10% más rico tiene salarios 26 veces superiores al 10% más pobre, un gap de entre los mayores del mundo; un país en el que el 25% de los niños y niñas, según UNICEF, vive en condiciones de pobreza alimentaria.

Que tenga o no éxito el acuerdo, esto es, que logre cumplir los objetivos que se ha marcado, es difícil de predecir, y es aún demasiado pronto para aventurar qué recorrido tendrá. Pero si se logra, México estará poniendo las bases para convertirse en un país más justo, más próspero, y con mayor presencia en la región y en el mundo.