Archivos Mensuales: noviembre 2012

Colombia:¿la paz al final del túnel?

El pasado 19 de noviembre, después de varios meses de negociaciones secretas entre el gobierno colombiano y las FARC, comenzaron en La Habana las conversaciones formales para poner fin a un conflicto que dura ya casi 50 años, y que ha producido tanto sufrimiento al pueblo colombiano. Por primera vez, existen posibilidades reales de que las conversaciones culminen con éxito, es decir, que se ponga fin al conflicto armado, y pueda consolidarse la paz, que no es sólo el fin de la violencia, sino apenas el principio sobre el que construirla.

Se trata de la tercera negociación (tras los procesos fallidos durante las presidencias de Belisario Betancur, en 1984; y Andrés Pastrana, entre diciembre de 1999 y 2002, las llamadas “conversaciones de paz del Cagúan”) entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC.

Una suma de factores hace a este proceso diferente, permitiendo un moderado optimismo sobre su resultado. Sin duda las FARC llegan a esta negociación más débiles, diezmadas por la actuación del ejército colombiano durante los últimos años, tras perder a buena parte de sus líderes históricos, y control territorial. Frente a los casi 20.000 efectivos armados con que contaban hace más de una década, hoy éstos se cifran entre 8.000 y 10.000 (más otros 9.000, que se dedicarían a labores logísticas y de inteligencia). Las FARC han decretado, hasta el 20 de enero de 2013, un alto el fuego unilateral. El Presidente colombiano, Juan Manuel Santos, ha señalado que el Estado no se sumará a un alto el fuego hasta “tener un acuerdo definitivo que permita terminar con el conflicto”.

El “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, negociado en secreto durante 6 meses y suscrito a finales de agosto en La Habana por el gobierno colombiano y las FARC, representa una base sólida sobre la que trabajar. Establece 6 puntos, incluidos los asuntos relativos a la política agraria, la participación política, la resolución del problema de las drogas, el abandono de las armas, y la reparación a las víctimas. La voluntad y el planteamiento del Presidente Santos han generado un clima propicio para la negociación (frente a la posición del anterior Presidente, Alvaro Uribe, que se ha mostrado muy crítico con el proceso y ha expresado su rechazo sin matices).

Hay, ciertamente, fatiga del conflicto armado y una sociedad colombiana que ha reclamado de manera cada vez más articulada e intensa el fin de la violencia en el país.

Hay muchas cuestiones a resolver, y el fin de la violencia apenas es el principio. El Informe What if the FARC demobilizes? de Enzo Nussio y Kimberly Howe plantea algunas de las preguntas clave, ofreciendo respuestas alternativas, a la luz de las dificultades y de la experiencia del proceso de desmovilización de los paramilitares de las AUC: ¿qué ocurrirá con las armas? ¿se reintegrarán los miembros de las FARC al ámbito laboral?¿participarán en política? ¿cuál será su relación con el narcotráfico? ¿se reintegrarán en bandas criminales –como ha ocurrido con paramilitares desmovilizados-?. Grandes interrogantes, pues se trata de un proceso -el desarme, la desmovilizacion y la reintegración- extraordinariamente complejo. Pero no imposible. Como elemento más positivo en el marco de las innumerables dificultades, instituciones como la Agencia Colombiana para la Reintegración pueden contribuir a generar confianza institucional, haciendo a su vez un aporte esencial a la consolidación de la paz, que requiere de instituciones fuertes, confiables y eficaces.

El deseo de paz del pueblo colombiano, tras casi medio siglo de sufrimiento, es inmenso. La responsabilidad con la ciudadanía y el futuro del país ha llevado al gobierno colombiano a iniciar este proceso, que las FARC han aceptado recorrer. Confiemos en que los negociadores sean capaces, esta vez sí, de traducir este justo anhelo en una realidad. Colombia lo merece.

Lo que no se dice no existe

Hoy se celebra el día universal del niño. Los datos sobre la situación de la infancia en el mundo hablan por sí mismos: 19.000 niños mueren cada día por causas, como el hambre, que podemos evitar. Mueren porque no reciben vacunas, o por falta de higiene. 200 millones de niños sufren desnutrición. Son, sin ninguna duda, los seres humanos más vulnerables en situaciones de conflicto, pobreza extrema, o crisis económica. Los que se llevan la peor parte. Los más indefensos.

Organizaciones que denuncian, agitan conciencias y trabajan para proteger la infancia como UNICEF nos recuerdan, especialmente hoy, que es posible cambiar las cosas. Que en los países más desfavorecidos, se ha reducido la mortalidad infantil en más de un 40%. Que la cooperación internacional funciona, que la voluntad política transforma la vida de las personas, que sí se puede.

También en España la infancia está soportando, con especial dureza, la carga de la crisis. Como señala Save the children, 2.226.000 niños y niñas (3 de cada 10) viven en España por debajo del umbral de la pobreza, siendo el grupo más afectado por la pobreza en nuestro país.

Las cifras a veces son frías. Y, como en el conflicto palestino-israelí, en el que la muerte de civiles, incluidos niños, ha dejado ya de sorprendernos, nos hemos acostumbrado a ellas.

Lo que no se dice no existe. Y a los niños no se les escucha cuando hablan de sus intereses, de sus inquietudes, o de sus deseos. Los problemas de la infancia son silenciosos, y a veces silenciados. Hoy más voces recuerdan que su sufrimiento y su desprotección son nuestra responsabilidad. De los ciudadanos adultos, de los responsables políticos. Digámoslo hoy y todos los días.

 

 

Deberes para la Comunidad Iberoamericana

El informe “Perspectivas económicas de América Latina 2013” que elaboran anualmente desde 2007 la OCDE y la CEPAL, y que se presenta en el marco de la Cumbre Iberoamericana, se ha centrado este año en el análisis de la situación de las pequeñas y medianas empresas en la región. El informe pone de manifiesto que, aunque las pymes representan un 99% del total de empresas y dan empleo a cerca del 67% de los trabajadores, su baja productividad determina una menor contribución al PIB. Además, solamente el 12% del crédito total en América Latina se destina a las pymes, en contraste con los países de la OCDE, donde éstas reciben el 25% del total. En la región latinoamericana, las pymes representan algo menos del 18% del comercio total (mientras en la UE alcanza el 54%, y en Asia llega al 48%).

El aumento de su competitividad, su apertura al exterior, y la potenciación de su capacidad innovadora se presentan como los factores determinantes para que adquieran el peso que debe corresponderles en la economía de la región. Mucho aún por hacer, incluyendo políticas públicas que los favorezcan.

Aunque la economía latinoamericana crezca a una media del 3%, el desequilibrio entre la situación de las pymes latinoamericanas y las españolas es aún grande, como lo es la distancia que nos separa en términos de riqueza, desigualdad y bienestar.

En la Cumbre de Cádiz se ha aprobado que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) dedique 420 millones de dólares a las Pymes para facilitar el comercio exterior. También se ha acordado que CAF-Banco de Desarrollo Latinoamericano apoyará a las Pymes con una línea de crédito de entre 200 y 300 millones, a través del Instituto de Crédito Oficial, y ampliará hasta 1.000 millones de dólares las ayudas a la banca. Asimismo, un total de cuarenta instituciones del sector privado han suscrito un convenio marco para promover la creación de un Centro Iberoamericano de Arbitraje que dirima con rapidez las diferencias que surjan en el desarrollo de la actividad empresarial. Avances, sí, aunque modestos e insuficientes para beneficiar a las sociedades de ambos lados de la Comunidad Iberoamericana.

En Cádiz España ha pedido ayuda a América Latina, reconociendo las dificultades que atraviesa y las oportunidades que ofrece la región en este momento de profunda crisis económica en Europa. Sin embargo, si España quiere que América Latina sea, como lo ha sido en la década de los 90, una oportunidad para las empresas españolas tendría que, además de establecer una interlocución más equilibrada y simétrica -como la región demanda- ofrecer a cambio algo valioso en términos también económicos. Algo que América Latina necesita, y que demanda a menudo a Europa: la cooperación en materia de innovación, ciencia y tecnología, la transferencia tecnológica, haciendo de ella un eje central de la Asociación estratégica entre América Latina y Caribe y la Unión Europea (donde se encuentra el mayor número de patentes del mundo, frente a sólo 1.600 en la región latinoamericana). La lengua común, el español, ofrece una ventaja añadida para esta cooperación.

El intercambio económico es uno de los intereses que nos unen, pues forma parte del proyecto iberoamericano de generar bienestar y progreso en nuestras respectivas sociedades, a través de un crecimiento económico a ambos lados del Atlántico. Para que América Latina mejore su competitividad y su productividad -y disminuya la desigualdad -necesita ser más innovadora, y en eso Europa -y en particular España y Portugal- debe ser un verdadero socio estratégico.

XXII Cumbre Iberoamericana de Cádiz: ¿renovar la relación?

La XXII Cumbre Iberoamericana que está teniendo lugar en Cádiz se reúne en torno al lema “una relación renovada”. Bajo este paraguas, cabría esperar que España y Portugal, y América Latina pusieran en hora los respectivos momentos que viven, su inserción en la economía global, su peso político en el mundo globalizado, las transformaciones en los conjuntos regionales de los que forman parte, y se reconocieran como socios (estratégicos), abordaran sus intereses comunes y compartidos, y sumaran esfuerzos para que su pertenencia a la Comunidad Iberoamericana les hiciera más fuertes en el mundo.

El discurso del Presidente Rajoy en la inauguración de la Cumbre apunta, tímidamente, un cambio de lenguaje respecto a sus declaraciones y las de su ministro García Margallo en los días previos a la Cumbre. Sus declaraciones e intervenciones en distintos foros parecían más bien retrotraernos a un momento pasado, el que América Latina superó hace ya casi una década.

García Margallo ha citado como uno de los grandes objetivos de la Cumbre “que España se convierta en plataforma para inversión de capitales de otras zonas del mundo en Latinoamérica”, pues “esa sinergia entre capitales de otros países y España puede ser muy beneficiosa para América Latina”. ¿Es que acaso necesita América Latina a España para que países como Reino Unido, Francia o Alemania -por citar algunos europeos-, o países como China, inviertan en sus economías?. En absoluto. Estamos fuera de esa ecuación.

En otra intervención, el Ministro ha señalado que “España y Portugal son los embajadores privilegiados de América Latina en la Unión Europea”. Hace ya tiempo que los países latinoamericanos no necesitan a España (o a Portugal en el caso de Brasil) para hablar y entenderse con las instituciones comunitarias. Hace ya mucho tiempo que no necesitan embajadores intermediarios.

A la mirada desenfocada del Ministro se suma el lenguaje retórico y “viejo” (para lo que se espera de una relación renovada) del Presidente Rajoy, que en una entrevista conjunta a seis periódicos latinoamericanos afirmaba que “España es la puerta de Europa para Iberoamérica”, recordando todo lo que España había ayudado para lograr los acuerdos que existen en este momento entre la Unión Europea y América Latina.

Mientras el gobierno considere que España es puerta en Europa, o plataforma para lograr inversiones de otros países a América Latina, la relación no podrá ponerse al día.

Sin duda a la Cumbre acude un nutrido número de Jefes de Estado y de Gobierno (entre ellos la Presidenta de Brasil, y los Presidentes de México, Chile, Colombia, Perú –todos socios estratégicos de España-, Ecuador o Bolivia), y ha suscitado interés informativo (se han acreditado 1.300 periodistas).

La diplomacia española ha trabajado intensamente, como también hizo en 2005 para la XV Cumbre de Salamanca, para lograr una presencia amplia de los Jefes de Estado (incluyendo una Visita Oficial de la Presidenta Dilma Rousseff que garantizase su presencia en Cádiz). Las ausencias del Presidente venezolano, Hugo Chávez, y de la Presidenta argentina, Cristina Fernández, lejos de preocupar al gobierno español, intuyo que se vivirán con cierto alivio, al garantizar que no se producirán situaciones incómodas, o tensiones más incómodas aún.

La mayoría de los Jefes de Estado y de Gobierno latinoamericanos han venido a Cádiz. Pero me temo que será una oportunidad perdida si el gobierno español utiliza la vieja retórica paternalista, cuando lo que ahora toca es pensar en el futuro, en lo que podemos hacer juntos. Hablando en igualdad, y con otro lenguaje. América Latina ha cambiado. Ahora tenemos que cambiar nosotros.

¿Un mundo más sostenible y equitativo en 2050? ¡Es la política, estúpido!

El pasado 7 de noviembre, Helen Clark, Administradora del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), intervino en un foro en San Francisco con un interesante discurso que tituló: “Nuestro mundo en 2050. ¿Más equitativo y sostenible o menos?”.

Para responder a esta pregunta será clave, en su opinión, abordar de manera simultánea la lucha contra la pobreza y la desigualdad, y la promoción del desarrollo sostenible.

Helen Clark identifica como tendencias globales de cambio la dinámica demográfica, las presiones medioambientales, y los cambios geopolíticos, y aporta algunos datos relevantes: en 2050, la población urbana será casi el doble (6,3 mil millones de personas, frente a 3,6 mil millones en 2011), y constituirá el 68% de la población mundial; y por primera vez en la historia, el número de mayores de 60 años será superior al de jóvenes (menores de 15). Este incremento demográfico obligará a una mayor producción de alimentos, a adaptar el sistema de pensiones y de seguridad social, de salud, e incrementará la demanda de vivienda, agua, electricidad y transporte, entre otras, en las ciudades.

Las emisiones de carbono doblarán a las de 1990, se agotarán algunos recursos naturales, y se incrementará su incidencia en los conflictos; los desastres naturales serán más frecuentes; y la población que vive en la pobreza seguirá llevando una “doble carga” por la mayor exposición a los riesgos medioambientales (contaminación del agua, falta de saneamiento, etc.).

Desde el punto de vista geoestratégico, la interdependencia entre el norte y el sur se profundiza, con sus riesgos (volatilidad en los flujos de capital del norte al sur, y en los precios de los productos básicos, menor demanda del norte hacia el sur, precios más bajos de las exportaciones del sur hacia el norte) y sus oportunidades (difusión de la innovación y las tecnologías como motores del desarrollo, nuevas oportunidades de empleo, etc.). Y no hay que olvidar las olas de democratización, el surgimiento en el sur de “mega economías” (China, India y Brasil); y la relevancia que ha adquirido la cooperación sur-sur.

El análisis ofrece suficientes datos sobre los desafíos que enfrentamos, proponiendo también posibles soluciones y acciones para frenarlos, revertirlos o, al menos, paliarlos.

Lo más esperanzador, y quizá también lo más preocupante, es la conclusión rotunda de que, más allá de las tendencias globales de cambio, el hecho de que en 2050 el mundo sea más sostenible y más equitativo dependerá de las decisiones políticas que se tomen a nivel global, nacional, de las decisiones económicas y empresariales, y del papel de la sociedad civil. Como señala Clark, entender las tendencias puede ayudar a planificar el futuro. Pero en última instancia, la voluntad política y el liderazgo en todos los niveles son necesarios para dedicar los recursos humanos y financieros necesarios para hacer frente a los desafíos, encontrar soluciones innovadoras y crear alianzas fuertes.

Esperanzador, porque el futuro no está determinado. Podemos cambiarlo actuando ahora. Preocupante porque a la frecuente falta de voluntad política, se suma también la falta de compromiso de otros actores. Cita Helen Clark el informe “Resilient People, Resilient Planet”, según el cual la mayoría de los responsables económicos siguen considerando el desarrollo sostenible algo ajeno a sus responsabilidades fundamentales, cuando, como señala Clark, la integración del medio ambiente y la dimensión social puede ser vital para el éxito de las decisiones económicas.

Esperanzador porque, como afirma Helen Clark, “al final, lo que va a llevar a los gobiernos a actuar es saber que hay un clamor popular por el cambio”.

Hay que seguir trabajando. Haciendo pedagogía para que los responsables económicos tomen decisiones sostenibles, porque precisamente así tendrán mayor beneficio empresarial. Y hay que seguir sumando voces para que la ciudadanía reclame de sus gobiernos que actúen, si queremos que en 2050 el mundo sea más sostenible y equitativo. También está en nuestras manos.

¡Bienvenid@s!

Cuando uno escribe sobre lo que ama, lo que admira, o lo que desea comprender, se siente feliz. Y si puede compartirlo con otras personas, y recibir sus opiniones, aprende más y se siente más feliz. En los tiempos difíciles en los que comienza a caminar este blog, la felicidad escasea, y por eso, hay que buscarla incansablemente.

Una buena amiga me enseñó, cuando empecé profesionalmente en las relaciones internacionales hace casi veinte años, que “mi mundo no es el mundo”. Siempre he tenido presente que, cada un@ de nosotr@s, tenemos un cristal distinto para mirar el mundo. Y que sólo con la suma de todas las miradas, es posible transformarlo. Generando consensos entre países –entre personas, en definitiva- en torno a conceptos de convivencia básicos como  la democracia, la igualdad, el progreso económico, el multilateralismo, los derechos humanos, o el desarrollo sostenible.

Escribiré sobre todo esto en este blog. Sin pretensiones. Como pequeña contribución al análisis y a la acción. Si decidís que merece la pena acompañarme con vuestros puntos de vista, gracias.