Defender lo nuestro

DERECHOS-HUMANOS-1

Ayer fue el día universal de los derechos humanos. El día que se conmemora que, hace 64 años en las Naciones Unidas, decidimos aprobar una declaración que contiene los derechos fundamentales, inalienables, de los que tod@s deberíamos disfrutar, en cualquier lugar del mundo, en nuestra condición de seres humanos.

Escribo hoy este post, en lugar de hacerlo ayer, como una manera de recordar y recordarnos la necesidad de que nuestros derechos, los derechos humanos, sean promovidos y defendidos todos los días. Hay personas, como señalan organizaciones como Amnistía Internacional, que hacen de la defensa de nuestros derechos su quehacer diario y su horizonte vital. Hay personas que se fajan por nuestros derechos cada uno de los días de su vida, en lugares donde defender las libertades y derechos fundamentales se paga, a veces, con la vida, y en muchas ocasiones con la privación de libertad, las torturas, o el acoso social y/o institucional en sus países. Esas personas son imprescindibles y hoy, quizá, aún más necesarias que nunca.

En tiempos difíciles como los que vivimos en países desarrollados como el nuestro, defender los derechos humanos resulta más difícil y más arduo. Los gobiernos democráticos, claves en la promoción y defensa universal de los derechos humanos, son menos receptivos a las recomendaciones y peticiones de organizaciones, como Amnistía Internacional, que denuncian abusos y violaciones de esos derechos. Están ocupados en asuntos urgentes como la crisis económica.  Y sin duda tienen la tentación de despreocuparse de otros asuntos, tan urgentes e importantes. Al mismo tiempo, esos mismo gobiernos reciben menos presión de la ciudadanía para que actúe, en el seno de las instituciones de las que forman parte o en sus relaciones bilaterales, en contra de las violaciones y abusos que se cometen en otros países. En épocas de prosperidad y bienestar, los gobiernos de países democráticos pueden ser más proclives a defender y promover los derechos humanos. Pero en épocas de crisis, como la actual, olvidar ese compromiso es demasiado fácil, y, además, la sociedad no afea esa conducta. Al menos no lo hace de manera tan visible que obligue a los gobiernos a actuar.

En nuestro país, hoy estamos preocupados por el trabajo -por conseguirlo y/o por no perderlo-, por la educación de nuestr@s hij@s, la sanidad, la jubilación de nuestros mayores… temas clave para la sociedad que hemos construido a lo largo de estas décadas de democracia, sobre la base de la cohesión social, hoy achicada y debilitada.

Sin embargo, y a pesar de las dificultades que much@s estamos enfrentando, la sociedad española sigue siendo, como señala la Coordinadora de ONGS en su último informe, una sociedad solidaria, sensible al sufrimiento de otros cuya situación es, a gran distancia, infinitamente peor que la nuestra. Sensible, y comprometida.

Los derechos humanos son los derechos de todos nosotros. En estos tiempos duros, no dejemos de exigir a nuestros gobiernos, como elemento esencial y concreto de su acción exterior, que los promueva y los defienda en todo el mundo. No dejemos de alzar nuestra voz, de manera individua y colectiva, para denunciar su violación. Estaremos defendiendo lo de todos los seres humanos.También lo nuestro.

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